Con la idea en mente de añadir elementos de misterio y ocultismo a la historia, emprendí un viaje a Egipto para recopilar información. Ahora, al releer el doble episodio “El dios llegado de Egipto”, he visto que me pasé con los enigmas y que todo quedó bastante surrealista y lioso. El personaje de Shadi está envuelto en demasiados misterios y la conclusión de la historia, que hace dudar incluso de si sigue con vida o no, puede que fuese demasiado enrevesada para los lectores.
Pero me llevé mi merecido. Como era de esperar, la popularidad de la historia de Shadi cayó en picado conforme avanzaba y tuve que concluirla a la fuerza. Fue una faena, porque tenía claro desde el primer momento que quería que los faraones del antiguo Egipto tuvieran cierta relevancia en Yu-Gi-Oh! Como en aquel momento no podía enderezar el rumbo, sencillamente lo cambié.
Esto fue como perderse en un laberinto que yo mismo había creado y me provocaba una sensación muy angustiosa.
Bueno…”Que sea lo que Dios quiera”, me decía. Al fin y al cabo, a veces ser valientes y cargar con nuestros errores nos lleva en la dirección correcta, ¿no?
Recuerdo que una de las historias del primer tomo, “Una carta con colmillos”, generó un alud de cartas que inundó el departamento editorial al salir la edición semanal de Shonen Jump. Disfrutó de una popularidad un tanto anómala. Pensé en dedicar un único episodio a los juegos de cartas, tanto en la primera como en la segunda parte de la historia, pero hice caso a los lectores y le di lo que pedían una vez más.
Al principio se me ocurrió idear a Seto Kaiba como el heredero de una empresa de juegos, y planeé que desafiara a Yûgi a combates basados en sus creaciones estrafalarias. De pronto había dado con la forma de volver a las cartas.
De este modo quedó rediseñado como un personaje secundario bastante digno, rival del protagonista (cabe decir que su nombre está inspirado en el dios Set de las antiguas leyendas egipcias; es muy probable que en el mismo momento de bautizarle le cargara con el destino de ser enemigo del protagonista).
¿Quién iba a decirme años más tarde que daría origen a un juego de cartas sin precedentes? En aquella época nadie podía imaginárselo. De todas formas, el que más se sorprendió del éxito fui yo mismo, después de todo. De esta manera, pasamos al siguiente arco argumental, “El Death-T”.
18 de abril de 2007. Kazuki Takahashi.
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