A decir verdad, la historia del Death-T es mi favorita. Ciñéndome al concepto de que el protagonista derrota enemigos con juegos, y ya en la época en que tenía trazado el esquema de cómo serializar los arcos argumentales, una de las ideas que barajaba era hacer del Death-T el capítulo final. La continuidad del manga estaba supeditada al éxito que tuviera, así que no sabía cuándo me tocaría finalizarlo. El riesgo que corre una historia demasiado pretenciosa es quedarse inconclusa.

Siguiendo este desarrollo, Yûgi y sus amigos se dirigen a derrotar a Kaiba, su gran enemigo, quien les espera en el último piso, y al llegar a la página final…

¡La batalla sigue adelante!

Esta escena final se ve muy bien de vez en cuando en mangas juveniles y creí que podría funcionar, aunque pensándolo bien, me alegro de que la historia no concluyera así.

De todas formas, el arco argumental del Death-T terminó siendo algo más corto de lo que estaba planeado (en realidad tenía preparadas atracciones para ocho fases). Al principio, el parque temático que Kaiba construye para vengarse de Yûgi era…¡un rascacielos moderno con forma de torre! Creo que Yûgi y los demás llegaron demasiado rápido a la última planta. Se deshacen sin problemas de los obstáculos que les impiden la marcha y se lanzan en batalla contra el enemigo final, que les aguarda arriba del todo.

Me gusta mucho este tipo de evolución, propio de los mangas de hace años que salían en la revista Shônen Jump. Cuanto más arriba se libre un combate, cuanto más difíciles sean de solventar los problemas, cuanto más fuerte sea un enemigo…más grande será la emoción que se sienta al leer.

La razón por la que acorté el Death-T fue la siguiente frase de mi jefe:

“¡Pongámonos con las batallas de cartas cuanto antes!”

A tenor de los resultados, me alegro de que me dijera eso.

Con el Death-T quedó plasmada una etapa que me hizo dar con la idea de “Mi otro yo”, episodio muy importante también en la historia de Yu-Gi-Oh!: fue el primer paso que di para que Yûgi Mutô y el Yûgi Oscuro, Atem, redujeran la distancia que había entre sus corazones.

En realidad, durante aquellos días me imaginé cómo sería el último capítulo. Pensé en todas las formas posibles en las que Yûgi podría enfrentarse a su otro yo con el fin de lograr su verdadera independencia.

Yûgi debía reunir toda la confianza y el poder necesarios para hacer frente en igualdad de condiciones a un Yûgi Oscuro que tenía un peso abrumador.

Creo que ese fue el punto de partida del largo camino que tenía que recorrer Yûgi en pos de su victoria personal.

15 de junio de 2007. Kazuki Takahashi.

Share via
Copy link