El Camino del Héroe
Para conseguir la fuerza, se puede uno volver despiadado. ¡Si quieres matarme, hazlo con las cartas! Todo amante de las cartas lo grita. ¡El alma noble y desinhibida monta en cólera!
El joven Seto Kaiba tiene como guardaespaldas el Guardián Divino del Obelisco, que con una fuerza bruta arrolladora destroza al enemigo y es uno de los pilares de los tres dioses.
Sin embargo, Kaiba confía sobre todo en el Dragón Blanco de Ojos Azules; su figura se intuye al desprender la energía del brazo. Ya mencionamos cuando hablamos del arcano de El Carro de combate sobre los dos dragones de Kaiba; el último de los que se supone que solo hay tres en todo el mundo reaparece aquí bajo el control del chico.
Kaiba ha intentado monopolizar esta carta a pesar de sufrir el desprecio hasta de los demonios. ¿Por qué se había empecinado con ella? ¿Cuál es la verdadera razón del interés por la carta? ¿Cuál es la fuente inagotable de su fuerza? Fijaos bien, ¿no veis la silueta de una diosa que brilla con halo dorado en la sombra del dragón blanco?

En realidad, tradicionalmente la carta de La Fuerza suele venir representada por una mujer. En la baraja perteneciente a la casa de los Visconti, la carta del arcano mayor de La Fuerza se representa con Heracles golpeando con un mazo a un león. Sin embargo, para la baraja edición Cary-Yale se eligió una mujer con actitud serena que domina a un león.
Esta imagen de la fuerza del león y la firmeza de la virgen fue un tema recurrente en la Europa Occidental por gustar mucho entre la población, e incluso en ocasiones el león se ve sustituido por un unicornio. En la actualidad el unicornio lo relacionamos con un ser adorable, pero en los relatos folclóricos de Polonia, por ejemplo, se decía que eran unas bestias agresivas a las que solo las vírgenes lograban domesticar. En Los apuntes de Malte Laurids Brigge, de Rainer María Rilke, es recurrente una referencia a un tapiz en el que aparecen una dama y un unicornio.
La combinación de éxito de una bestia salvaje junto a una dama se puede ver incluso todavía hoy, y viene de una percepción de que, según la lógica humana que se nos ha inculcado desde tiempos remotos, la fuerza bruta debe ser domada con dulzura y ternura como la de una mujer para poco a poco habituar y pulir al ser con el fin de que termine siendo civilizado.
Freud le daba una interpretación inconscientemente sensual a esa bestia; pero Sally Nicholls, investigadora de leyendas populares y cuentos, interpreta a las bestias que abundan en los relatos de las divinidades como símbolos de una fuerza equiparable a la de los dioses.
El hombre lucha contra su bestia interior a la que tiene terror. Una vez consigue domarla, se alza como héroe. Para que un hombre se convierta en un héroe interviene una figura femenina que reside en el interior, el ánima.
Cuando hablamos de la carta de El Ermitaño, mencionamos que en psicología, a la representación de lo inconsciente colectivo se le denomina arquetipo: en el caso del arquetipo de la mujer será ánima, y en el del hombre, ánimus.
No somos conscientes de esos arquetipos en la vida cotidiana; sale a flote de las profundidades del inconsciente, apareciendo por ejemplo, en forma de sueños en la noche o proyectándolos en alguien próximo.
Kaiba perdió a sus padres con cinco años, pasando por situaciones difíciles en las que acumuló más bagaje que cualquier adulto, así que en realidad lo que él buscaba tal vez no fuera el triunfo, sino cariño. Siempre se mantiene estoico y firme, pero es probable que en su interior, de forma inconsciente, fuera gestando una figura femenina que le diera afecto de forma silenciosa y en lo más profundo de su ser…Una diosa que ha estado observándole detenidamente desde hace mucho tiempo. Cuando el Yûgi Oscuro le ataca con su castigo haciéndole caer al abismo es cuando ella sale por primera vez a la conciencia. Kaiba, alejado de la realidad mundana y desesperado, debió de percatarse de la existencia de la diosa. Y eso debe de ser así, porque a partir de ese momento, ha ido cambiando poco a poco.
Hasta entonces, no le había hecho ningún caso a su hermano, que siempre intentaba llamar su atención. Sin embargo, empezó a tenerle en mayor consideración y como si se hubiera dado cuenta de lo importante que son los lazos interpersonales, se permite el detalle de darle un consejo a su rival Yûgi.
Así es como renace como héroe. Si no llega a producirse el encuentro casual con esa figura femenina, es posible que su ego se acrecentara demasiado y terminara autodestruyéndose del modo que hizo el gran genio Pegasus.
La Fuerza es la bestia que duerme en nuestro inconsciente. Tradicionalmente se ha representado lo instintivo mediante el león; pero en el caso de Kaiba, al ser un instinto y un deseo tan fuertes se manifiesta en forma de un dragón. El símbolo del infinito que aparece sobre la cabeza es la fuente inagotable de fuerza. Sin embargo, él no sabe controlarla bien, por lo que necesita la fuerza de su diosa, de la figura femenina.
Hasta en una figura tan masculina como Kaiba, reside un arquetipo femenino, el ánima, según la interpretación de Jung. Esa ánima influirá sobre sus propios actos y tal vez sea por eso que en ocasiones se enfurece tanto que llega a lastimar a los demás. Y para conseguir lo que quiere se vuelve cruel, se descontrola. Al final, “el ánima destructora espera con la boca abierta” (Suehiro Tanemura) y no hay nada más. Aleister Crowley denomina a esta carta como Lujuria, lo que puede ser muy evocador.
La Fuerza inconsciente es muy poderosa. Si se libera esa fuerza sin haber madurado interiormente, es muy probable que se produzca un descontrol emocional. Para que lo inconsciente no tome el cariz de la destrucción, es mejor desviar la energía que se controla hacia un lado más constructivo. Pegasus la dirigió hacia la creatividad y acertó, pero cargó con demasiado peso a Cynthia, su ánima, con sus ideales; esto hizo que su ego se desbordara y tuviera un final tan trágico junto al reino.
Si el ánima cumple con sus funciones como debiera, rellena lo que le falta a la bestia inconsciente y evita el descontrol; le muestra así el camino mientras controla su ego para llegar a convertirse en un héroe. Como en todos los tiempos, la única figura capaz de hacer tambalear a un hombre es la femenina.

Posición Normal
Todo es posible. Más vale maña que fuerza. Seguir el propio camino. Independencia. Orgullo, hay que confiar en uno mismo. Toda dificultad se puede superar. Realidad. Se puede poner el listón más alto. Situación de control. Aprobar. Solución a un problema. Conseguir una aptitud para algo. Seguir hasta el final. Convivir con la pareja. Mantenerte firme a pesar de la oposición. Amor pleno según la conducta.

Posición Invertida
Pérdida de autoestima y falta de capacidad. Estado de apatía. Falta de esfuerzo. Exceso de confianza. Fracaso por exceso de vanidad. Ser consciente de las limitaciones. Falta de control de los instintos. Voluntad débil. Falta de tono. Cuidar la salud. Falta de relajación. Un amor muy deseado. Una prueba de amor. Mantener el carácter y el orgullo.
Siéntete seguro de lo que decidas. Sé positivo y activo. Si la situación es desfavorable, capéala como puedas. Sin embargo, si es favorable, hay que saber tener mesura. Hay que saber tener mano izquierda. Si tienes exceso de energía y ves que estás a punto de perder el control, aprende a buscar una vía de escape. No debemos cargar con todo, a veces es bueno confiar en un amigo. Con voluntad todo se consigue, pero no hay que ser violentos, sino con calma y suavidad.
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Bibliografía:
EL LIBRO DE THOTH, Aleister Crowley
TAROT: KOKORO NO ZUZOGAKU (Tarot: iconografía del corazón) Ryûji Kagami. Ed. Kawade Shobo Shinsha, 2002.
JUNG Y EL TAROT. Sallie Nichols, Trad. Takayoshi Wakayama, Saeko Akiyama. Ed. Sinsikaku, 2001. En España: Jung y el tarot: Un viaje arquetípico.
TANEMURA SUEHIRO NO NEO-LABERINTHUS 1: KAIBUTSU NO SEKAI (Neo-laberintus 1: El Mundo de las Bestias) Suehiro Tanemura, Ed. Kawabe Shobo Shinsha, 1998.
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