Mai Kujaku, la hermosa encarnación de la fecundidad
En el palacio de las radiantes rosas, Mai Kujaku sonríe de manera encantadora. Parece contenta por haber sido nombrada emperatriz, como así demuestra la tiara que adorna su cabello y que solo la realeza de Egipto puede llevar: la joya carmesí. Casi podemos escucharla decir “Está claro que la emperatriz solo puedo ser yo. Semejante título es demasiado para Anzu”.
En el antiguo Egipto, la emperatriz se equiparaba con la diosa de la fertilidad y la belleza, Hathor. Mientras que Isis (de quien hablamos en el número anterior) era una divinidad sublime que apreciaba la espiritualidad y preservaba el conocimiento de la antigüedad, Hathor regía la realidad tangible, el mundo tal y como se manifiesta ante nuestros ojos. Era la diosa de la cosecha que hacía brotar vida nueva en la tierra. Quien vaya a Egipto encontrará entre sus famosas ruinas columnas y relieves dedicados a Hathor, vestigios que evocan el esplendor de la civilización de antaño.
Hathor es la imagen primigenia de Afrodita y su símbolo, las fragantes rosas de enormes pétalos. Afrodita es famosa por haber dado pie a la guerra de Troya al hacer que el joven París (que interpreta Orlando Bloom en la película Troya) la eligiera como la diosa más hermosa de entre las divinidades griegas, las cuales habían organizado un “concurso de belleza”.
Mai, quien tiene a los hombres comiendo de su mano, posee también todas las cualidades de la mujer fatal; cualidades que ponen en peligro constante a su reino.
A pesar de que en el duelo de cartas se mofa de los chicos envalentonados y los trata como si fueran críos, hay quienes con sus contraataques consiguen arrancarle halagos. Por otra parte, tan capaz es de darle una bofetada a Jônouchi y decirle “no seas crío” como hablar maravillas de él con su hermana, definiéndole como un “buen chico” siempre y cuando se le incite a ello.
Sus particulares dotes de emperatriz, que hacen que vayamos descubriendo en ella cosas cada vez más familiares, pueden originar de nuevo otra historia en la que una diosa de la fertilidad engendra un nuevo conflicto. Así es Mai Kujaku.
Una mujer hermosa y conflictiva
La carta de la Emperatriz indica perspicacia y riqueza imaginativa. La técnica especial de Mai Kujaku es la “lectura de cartas”, con la que se puede averiguar cuáles son las que están boca abajo. Por muy buen truco que sea, no le hace sentirse superior. Su realización se debe a unos sentidos muy desarrollados, trabajados con técnicas exhaustivas.
Al retar a Yûgi y comprobar que no puede plantarle cara, con una resolución inmediata dirige el ataque a Jônouchi. Este movimiento, además de ayudarle a prevenir riesgos, muestra también su capacidad imaginativa.

Hathor es también la diosa del maquillaje. A los japoneses despistados que van de viaje a Egipto siempre les endosan perfumes con el reclamo de que los más famosos del mundo están hechos con productos egipcios. Lo cierto es que la historia de los perfumes en este país es antigua, y cuenta la leyenda de los llamados “guardianes de la tumba de Tutankamón” que la cámara mortuoria del monarca aún mantiene la esencia con la que se perfumó hace más de 3000 años. A Mai, que siempre se esmera en ponerse afeites, no le puede faltar su baño y su sesión de maquillaje, ya sea en una lejana isla solitaria o en el barco que le lleve hacia ella. Incluso en la mayor de las adversidades no dejará de comportarse como la emperatriz que es. En el campo de batalla maneja siempre el mayor número de armas posible, y emplea clones suyos con la ayuda de un caleidoscopio, látigos, una estética bondage amenazante, una pantalla de espejo plateada, siluetas tentadoras…Cualquier truco de magia y maquillaje es bueno para encandilar a Yûgi y compañía.
Cuando está cansada de combatir, susurra “También soy mujer…y el maquillaje de una duelista no dura 24 horas”. En efecto, toda emperatriz necesita de un lugar al que volver para reposar.
Orgullosa mujer guerrera
Mai Kujaku, que tiende a organizar mazos instintivamente gracias a unos gustos bien definidos, pone especial afán en hacer de sus combates puro espectáculo. Se le da especialmente bien enlazar ataques con cartas de la familia de las amazonas y las arpías.
“Lucharé sola”. Tal es la voluntad con la que se lanza al duelo, durante el cual se detiene a mirar los hilos que la unen a sus cartas, únicamente visibles para ella. Mai conoce el significado de esa unión, que le permite tener fe incluso en las situaciones más difíciles y sacar al máximo el partido a sus cartas. Este es el estilo con el que lucha por sus allegados, propio de una emperatriz.

La psicóloga Toni Woff divide a la mujer ideal del hombre en cuatro tipos: madre, prostituta, médium y amazona. Las amazonas son guerreras populares cuyas apariciones no se limitan a leyendas y videojuegos, sino también a ensayos. Son protagonistas de amores trágicos como los de Heracles y Perseo, u otros como el de Aquiles (que también sale en Troya, interpretado por Brad Pitt), cuyo romance ha sido llevado al teatro Kleist.
Por cierto, también se dice que el origen del nombre del río Amazonas se lo debemos a estas guerreras. Por lo que parece se creía que los indígenas, que también tenían el pelo largo, eran amazonas. Lo triste de los hombres es que cuando llevamos mucho tiempo sin ver mujeres, cualquier persona nos recuerda a una chica guapa. No es de extrañar, sabiendo que en su día llegamos a confundir rechonchos dugongos con sirenas.
Mai Kujaku – La Emperatriz
“Lo que se ve, pero no se puede ver” .
Ante el enigma que le plantea Jônouchi, y después de mucho devanarse los sesos, Mai se transforma. Hasta ese momento, siempre había luchado sola, y además profesaba el hedonismo y el materialismo. Pero entonces, “la emperatriz que gobierna lo visible” percibe aquello “que no se puede ver”…Las palabras se tornan lazos firmes y se genera algo nuevo. Pero hay que tener cuidado de no ir amontonando lo que se genera y hacer de todo ello un caos.

Posición Normal
Los productos del campo dan fruto. Beneficios. Buenos resultados. Prosperidad. Instinto maternal. Amor maternal. Buenos cuidados. Calor familiar, hogareño. Abramos la mente y disfrutemos de la vida. ¡Vamos a montar una fiesta! Entremos en contacto con la naturaleza, no todos son juegos en la vida. Démosle una oportunidad al arte. Despleguemos todo nuestro encanto. Elegancia. Boda. Embarazo.

Posición Invertida
Buscar demasiado la comodidad y el placer y terminar holgazaneando. Hay que equilibrar las horas de trabajo o estudio con las de asueto. Alboroto familiar. Cuando el amor se da en exceso se convierte en incordio. Despilfarro. Dejarse llevar y enamorarse a ciegas. Caprichos. Infidelidad. Autosuficiencia. Charlatanería. Cotilleo. Seamos nosotros los que escuchemos. Sagacidad femenina. Antojos y codicia. Vanidad. Orgullo.
El poder de Hathor y Afrodita es el poder del amor. Es decir, la fuerza de la unión y la reproducción. Cuando la emperatriz se opone a alguien con obstinación, lo abraza con cariño, lo liga a ella y establece nuevos lazos con esa persona. Del mismo modo que el Abraxas que describe Hesse integra el Bien y el Mal, las arpías baten sus alas hacia el firmamento. Es entonces cuando las aves de los dioses se congratulan por el nacimiento de un nuevo rey. ¡El próximo en entrar en escena es un joven monarca!
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