Una de las preguntas que siempre me hacen en las entrevistas del extranjero es “¿Qué te hizo dibujar Yu-Gi-Oh!?” Es una pregunta muy difícil de responder.

La mayoría de las veces intento ir de guay y digo algo como “Nunca antes se habían visto batallas usando juegos…etc”, pero lo cierto es que en realidad no lo sé. Puede que se me ocurriera por casualidad, o puede que quisiera dibujar un personaje como Yûgi. Todo eso también es verdad.

Pero cuando miro atrás, no puedo evitar pensar en los eventos que ocasionaron todo. Un suceso de hace mucho tiempo que todavía recuerdo. Creo que fue cuando estaba en primer año de primaria.

Me solían gustar los bloques de construcción y jugar con ellos. No tenía muchos por lo que construía algo, lo desarmaba, y lo construía otra vez. Solía mirar las grandes casas hechas de bloques en los ventanales de las jugueterías de mi barrio. Intentaba replicar las casas con las piezas que tenía, pero sólo podía imitar de forma pobre y hacía casas planas sin profundidad.

Fui de visita a casa de A porque su hermano que estaba en cuarto año, se había comprado unos bloques de cohetes espaciales que habían salido a la venta hacía poco y me había invitado para construirlos con él.

Eran partes de un cohete espacial.

No había visto nada similar antes. La ilustración del cohete cilíndrico en el paquete no hizo más que elevar mi emoción antes de armar las piezas. Mis piezas eran todas rectas, por lo que las partes redondas de los bloques hicieron que mis ojos se curvaran igual que esos bloques.

Entre todos ellos, había una pequeña y brillante pieza transparente. Para mí era como un diamante en un mundo de colores primarios.

La parte transparente era redonda y como un centímetro de diámetro, y hacía de punta final para el cohete.

A y yo construimos juntos el cohete.

Estuvo completo en alrededor de una hora, mientras hablábamos sobre qué partes iban aquí o allí.

“¡Hey, lo habéis conseguido!”

Dijo el hermano de A cuando se acercó y miró el cohete terminado. Lo siguiente fue…

“¿Eh? ¡No está! Se supone que debería haber uno transparente en la punta del cohete” gritó con todas sus fuerzas.

A también se quedó extrañado.

“¡Buscadlo! Ni os creáis que os libraréis si no lo encontráis” Mientras el hermano le miraba, A estaba a punto de romper a llorar mientras buscaba como loco la pieza.

Yo tuve tanto miedo del hermano que mi cuerpo se congeló y no me pude mover. En realidad, había otra razón por la que no me podía mover.

Tenía la pieza transparente en mi mano izquierda.

“Tienen muchas piezas en casa de A, y la punta del cohete solo sería un centímetro más corta”, pensé.

El hermano con la cara colorada por el enfado. A que estaba a punto de llorar.

No sabía con qué cara abrir mi mano izquierda, así que lo terminé lanzando desde el balcón.

De camino a casa, seguía teniendo mi mano izquierda cerrada mientras lloraba sin parar.

Después de aquello, no he podido ver a A nunca más.

Desde entonces, he sentido como si hubiera perdido algo importante en mi corazón.

En el primer capítulo de “Yu-Gi-Oh!”, Jônouchi roba una pieza del puzzle, y al final reúne el valor para devolvérselo a Yûgi.

Aún tengo esa pieza transparente en mi mano izquierda…

¡Qué cosas se piensan!

Kazuki Takahashi. 18 de enero de 2008.

Share via
Copy link