En verano de 2007 asistí al Campeonato Mundial de Yû-Gi-Oh! que se celebró durante la Convención Internacional de Cómics de San Diego, en América.

Cuando vi a los duelistas de todos los países que habían superado las eliminatorias previas nacionales, me quedé francamente sorprendido por el alcance de la repercusión de Yû-Gi-Oh!, puesto que desde Japón no había podido comprobarlo.

En la Convención de Cómics había un ambiente inmejorable, y disfruté como un loco con los cómics americanos y las figuritas que tanto me gustan. También compré un montón de series y artículos de merchandising (de haber podido, me habría quedado tres días más).

Luego visité Las Vegas, la ciudad donde nació y creció Pegasus J. Crawford. Su padre era el director de un casino y poseedor de una gran fortuna, y Pegasus creció rodeado de comodidades hasta que perdió a Cynthia, su prometida, y las tinieblas invadieron su corazón.

Su amor más puro y su único amigo es Funny Rabbit, un símbolo de la inmortalidad.

Pegasus, que tiene un extraordinario talento como pintor, viaja a Egipto y crea las cartas de Magic & Wizards, pero ese será el principio de su triste destino hacia las tinieblas, guiado por uno de los objetos milenarios.

En la serie, Bakura asesina a Pegasus, de modo que este ya no vuelve a aparecer más adelante. Yo creo que la niebla de la locura que ocupaba su corazón se ha disipado, ha expiado todos sus crímenes y él y su amada Cynthia han vuelto a encontrarse en el cielo.

En esta ciudad hay una leyenda. Una empresa dedicada a los juegos resucita en secreto a Pegasus, que se dedica a fabricar cartas día y noche en una fábrica subterránea.

Así, ¡el robot de Pegasus se encarga del abastecimiento de cartas para los duelistas de todo el mundo!

Kazuki Takahashi. 14 de septiembre de 2007

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