He realizado un viaje de siete años con Yû-Gi-Oh! y creo que he podido dibujar los temas que quería, pero al terminar la serie, me pregunto si he podido transmitir mi mensaje a los lectores.

Desde el momento en el que Yûgi armó el Puzzle Milenario, su “otro yo” apareció en su corazón. El tiempo necesario para explorar a estos dos personajes lo convirtió en una serie muy larga.

En nuestra vida diaria, nunca llegamos a vernos a nosotros mismos excepto cuando estamos frente a un espejo. Pero incluso este no refleja nuestros corazones. Los protagonistas de esta obra ganan el valor y la voluntad para poder enfrentarse a los corazones de otros.

Durante nuestras vidas, tocamos, vemos e interactuamos con personas; y al hacerlo, pensamos y sentimos cosas diferentes. A veces hacemos a otros felices, a veces les hacemos daño, simpatizamos, o no estamos de acuerdo. Gracias a esto, comprendemos que los pensamientos y sentimientos de los demás no son un camino de un sólo sentido. Puede que parezca algo básico y natural, pero lo que quería hacer a la hora de dibujar y escribir esta obra es esa interacción entre las personas, y para lograrlo, he usado los “juegos”.

Los juegos que los personajes jugaban, no se hacían mirando monitores, sino enfrentándose a otras personas. Los oponentes a los que se enfrentaban eran espejos que reflejaban sus corazones. En un sentido básico, se enfrentaban a sus espíritus. Como esto era un manga, estuvo profundamente marcado por la lucha entre el bien y el mal, pero creo que la base del “juego” era clarificar lo que hay entre las personas. Creo que esta es la razón por la que el juego de cartas de Yu-Gi-Oh! ha tenido tanto éxito por todo el mundo.

En mi cabeza, Yu-Gi-Oh! está completado. Pero alrededor del mundo, muchas personas están tomando mi trabajo y las cartas en sus manos. Por gratitud hacia ellos, me gustaría prolongar el mundo de “Yu-Gi-Oh!” un poco más.

Quiero aprovechar el final de este tomo para agradecer a todos aquellos que han participado en este mundo. Gracias desde lo más profundo de mi corazón.

Kazuki Takahashi. 14 de abril de 2004.

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